Llanto

No hay luz en la mirada

ni silencio en la intimidad.

Las horas gritan

desde los relojes mudos

de dígitos infalibles

que esclavizan el día

y eternizan la noche

de los ojos abiertos.

Pero yo no puedo

desatar mi rabia

para no perturbar

la paz del hogar.

Y el aullido ahogado

en mi garganta seca

se queda anudado

en mi alma desolada

junto a muchos otros

que nunca escaparon

de mi boca.

Hay lágrimas que queman.

Las hay que lavan.

Las mías hieren

como si fueran clavos

rasgando mis mejillas.

Yo las escondía,

pero me descubrió

el amor de mi vida

y al hacerlas suyas

las convirtió en agua fresca

que llovió torrentes

hasta ahogar

mi amargura.

Texto: ©Olga Brajnović

Foto: ©Marek Studzinski at Unsplash

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