Los ciruelos negros de mi plaza
están en pleno esplendor rosa
anunciando la primavera
mientras pelean con la lluvia fría
que apresura los pasos
y agacha las miradas
Yo los dejé como esqueletos
de ramas oscuras entrelazadas
y no los vi vestirse de colores
ni disfruté de los días sonrientes
que precedieron a los últimos
desgarros del invierno.
Las gotas se deslizan
por mi rostro apesadumbrado
cuando alzo la mirada
para admirarlos
y ocultan las lágrimas
por el tiempo perdido.
El tiempo perdido

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